Durante el acto conmemorativo por el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín, el profesor de Historia Franco García estuvo a cargo de las palabras alusivas.
Su discurso propuso una mirada que fue más allá de la figura militar de San Martín y puso el foco en la libertad como una construcción colectiva, el compromiso con los demás y el papel muchas veces anónimo de quienes hicieron posible grandes transformaciones.
También dejó una reflexión sobre nuestra responsabilidad como sociedad y sobre la necesidad de preguntarnos qué hacemos hoy con la libertad que otros ayudaron a conquistar.
Desde Navarro Noticias, consideramos que sus palabras merecen ser leídas
A continuación, reproducimos el discurso completo:
TEXTUAL
Conmemoración del paso a la inmortalidad del General José de San Martín
Hoy nos encontramos en esta plaza, como comunidad, para recordar a uno de los hombres fundamentales de nuestra historia: el General Don José de San Martín.
Cada 17 de agosto, al pronunciar su nombre, aparecen inevitablemente algunas de las imágenes más importantes de nuestra historia: los Andes, el Ejército de los Andes, el cruce de la cordillera, las batallas de Chacabuco y Maipú, la independencia de Chile y del Perú. Y está bien que así sea. Porque aquella hazaña militar, extraordinaria incluso para los parámetros de su época, cambió para siempre el rumbo de nuestra historia.
Pero San Martín fue mucho más que un gran militar: fue un hombre que comprendió que la independencia no podía ser solamente la ruptura de un vínculo colonial. La libertad debía ser una construcción colectiva y debía alcanzar a los pueblos de América. Por eso, cuando organizó el Ejército de los Andes, no pensó únicamente en defender un territorio. Pensó en liberar pueblos. Su proyecto trascendió las fronteras que hoy conocemos como Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile y Perú. San Martín entendía que la emancipación americana era una causa común. Y para llevar adelante ese proyecto tuvo que enfrentar enormes dificultades: la falta de recursos, las divisiones políticas, las diferencias entre los propios dirigentes y, muchas veces, la incomprensión de quienes no compartían su visión.
Sin embargo, siguió adelante. El cruce de los Andes fue una demostración de planificación, disciplina, esfuerzo y sacrificio, pero también fue una demostración de algo que muchas veces olvidamos: los grandes cambios no se construyen solamente con hombres extraordinarios, sino también con miles de personas anónimas que deciden comprometerse con una causa: soldados, campesinos, artesanos, mujeres, pueblos originarios y familias enteras que colaboraron de distintas maneras con aquella empresa emancipadora.
Por eso, cuando hablamos de San Martín, no hablamos solamente de un hombre, hablamos también de una sociedad que fue capaz de organizarse y de sacrificarse para alcanzar un objetivo que parecía imposible.
Don José nos dejó, además, una enseñanza que trasciende su tiempo. Después de haber alcanzado la gloria militar, eligió llevar una vida alejada de las disputas y de los protagonismos políticos. Su legado no quedó asociado a la búsqueda de beneficios personales, sino a una causa que consideraba mucho más importante que su propia persona, y allí encontramos otra de las dimensiones de su grandeza: la capacidad de poner un objetivo colectivo por encima de las ambiciones individuales.
Hoy, más de dos siglos después, nuestro país es muy diferente de aquel que conoció San Martín. Pero la palabra libertad sigue teniendo una enorme vigencia, porque una sociedad libre no se construye solamente con leyes, se construye cuando existen ciudadanos capaces de asumir responsabilidades, respetar al otro, defender las instituciones, valorar la educación, trabajar por el bien común y comprender que los destinos individuales también están ligados al destino colectivo.
Recordar a San Martín no debería ser solamente mirar hacia el pasado, también debería ser preguntarnos qué hacemos nosotros, desde el lugar que nos toca ocupar, con aquella libertad que otros ayudaron a conquistar. Cada generación tiene sus propios desafíos. Y quizás una de las mejores maneras de homenajear a nuestro gran líder sea recuperar aquellos valores que hicieron posible su obra:
La perseverancia frente a las dificultades.
El compromiso con los demás.
La capacidad de pensar más allá de los intereses personales.
El respeto por la libertad.
Y la convicción de que una sociedad puede avanzar cuando sus integrantes son capaces de comprometerse con algo que los trasciende.
Hoy, desde esta plaza y como comunidad, recordamos al General José de San Martín, pero también recordamos una idea que atravesó toda su vida: que la libertad no es un punto de llegada, sino una responsabilidad que cada generación debe asumir y defender.
Que este 17 de agosto sea entonces una oportunidad para renovar nuestro compromiso con nuestra historia, con nuestra comunidad y con el futuro que queremos construir. Porque recordar a nuestros grandes hombres no consiste únicamente en admirar lo que hicieron. Consiste también en preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer nosotros para estar a la altura de la historia que recibimos.
A 176 años de su fallecimiento, el General José de San Martín continúa formando parte de nuestra memoria, y mientras sigamos valorando la libertad, la responsabilidad, el esfuerzo y el compromiso con el bien común, su legado seguirá vivo entre nosotros.
Muchas gracias.

