El licenciado Fernando Torres dice textualmente:
No es solo un recorte salarial. Es una forma de hacer las cosas que lastima. Cuando parte del sueldo desaparece sin aviso ni explicación, lo que se pierde no es únicamente dinero: se pierde reconocimiento, respeto y dignidad.
Trabajar con vocación, compromiso y años de servicio no debería implicar aceptar el silencio, el destrato o la falta de información. Preguntar por el propio salario no es una falta de respeto; es un derecho. Y recibir respuestas evasivas o autoritarias solo profundiza el desgaste.
Más allá de cualquier dificultad económica, la manera en que se toman y comunican las decisiones también importa. El clima laboral impacta en la salud emocional y física de las personas. Cuando no hay diálogo, cuando nadie se hace responsable y el miedo reemplaza a la palabra, el daño es profundo y sostenido.
Después de décadas de trabajo, lo mínimo esperable es trato digno, información clara y respeto. Porque cuando se recorta sin explicar, no solo se ajustan números: se erosiona la confianza y se apagan personas valiosas.
Cuidar los espacios de trabajo no es un gesto menor. Es cuidar a quienes los sostienen todos los días.

