Coherencia no es traición

En estos días se intenta instalar una confusión peligrosa: cuando un periodista que denunció a corruptos en el pasado ahora señala actos de corrupción en el político que apoyaba, no está “bajándose del barco”. Está haciendo lo mismo de siempre: no avalar la corrupción, venga de donde venga.

La maniobra de muchos en redes es desviar el foco. En vez de discutir el hecho —un ilícito cometido—, prefieren apuntar contra quien lo señala. Pero la corrupción no se lava atacando al mensajero, ni se borra comparándola con la del anterior. El que roba, roba. Y es tan responsable como los que lo hicieron antes.

El error es creer que hay corrupción “aceptable” si viene de los propios. No. La corrupción no tiene camiseta. Los buenos y los malos existen en todos los espacios políticos, y el verdadero desafío de la ciudadanía es distinguirlos.

La coherencia no es traición. Es tener el coraje de sostener los mismos principios aun cuando duelan, aun cuando toquen a quienes uno alguna vez defendió. Esa es la diferencia entre la conveniencia y la integridad.