En los pueblos, la política más genuina no nace de los cargos, sino de la vocación.
Durante años, vecinos y vecinas sostuvieron cooperadoras, comisiones, clubes e instituciones sin esperar nada a cambio. Ese compromiso silencioso fue, y sigue siendo, una verdadera escuela política.
Con el tiempo, muchas veces los cargos fueron ocupando ese lugar.
Por eso hoy el desafío es claro: los partidos políticos deben renacer, sosteniendo la base de su filosofía, pero llevándola a la práctica real, desde el territorio y el contacto directo con la comunidad.
En Navarro aún queda gente que trabaja por el bien común sin etiquetas ni intereses personales.
Ahí está la política terrenal, la que construye comunidad todos los días.
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